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sábado, 29 de junio de 2013

Reseña: SIETE DÍAS DE LOCURA - Tessa Dare.

Minerva Highwood, una de las solteras de Cala Espinada, necesita ir a Escocia.
 Colin Sandhurst, lord Payne, necesita... salir de Cala Espinada. Tienen solo siete días para planear una fuga, convencer a sus familiares y amigos de que, a pesar de sus conocidas diferencias, se han enamorado locamente. Una semana que será su ruina.
En estos siete días de locura deberán recorrer con éxito 650 kilómetros, esquivando a los salteadores de caminos. Un viaje en el que se verán obligados a superar sus miedos más profundos sin cometer un asesinato. Pero tal proeza les parecerá imposible pues no les quedará más remedio que compartir un pequeño carruaje por el día y una cama, aún más pequeña, por las noches.
¿Será la atracción que de forma inesperada empieza a surgir entre ellos, una salvaje pasión que late en sus corazones, la encargada de conseguirlo? ¿Lograrán recorrer la distancia y cumplir todas las promesas que se han hecho? O por el contrario, ¿recorrerán únicamente el camino hacia lo más profundo de sus almas? 

II título de la serie Cala Espinada.


De vez en cuando una necesita leer una historia que, a pesar de plantearse según la sinopsis, como una de tantas, te atrape y te haga sonreír. Si hay una frase como los viejos roqueros nunca mueren, deberíamos adaptarla a las novelas románticas de regencia como ésta para entender lo que vamos a encontrarnos en sus páginas, así así como: la vuelta de los clásicos.
Un argumento como otro cualquiera, una joven, virgen, feucha, con gafas, ratón de biblioteca junto un un tipo calavera, vividor, vicioso, pervertido, hastiado de la vida a pesar de su juventud y con un extraño sentido del humor.
Bueno, pues con dos ingredientes a priori tan manidos, tan sobre explotados dentro del género, se puede dar una vuelta más de tuerca y conseguir una historia divertida, adictiva, que si bien tira de tópicos para la narración no resultan tan cansinos ni tan cargantes como en otras novelas.
Una forma de narrar, curiosa, ya que sin ser explícita y recurriendo a eufemismos, no te hace refunfuñar, un gran acierto, ya que odio las descripciones botánicas para ellas y las navales para él.
La novela, al menos el principio, me recuerda muchísimo a una de Kleypas (El diablo en invierno) pero luego va sabiendo distanciarse de esa gran historia para tener sus propios méritos. De todas formas el que un argumento no sea del todo original no significa inmediatamente que la novela sea mala o lo que es peor, una copia. 

La historia se desarrolla con muy pocos personajes, los dos protagonistas, Min (y sus diversos nombres que le atribuye él, bien como broma o bien porque no se acuerda de cómo se llama) y Colin (te enamoras de él desde el minuto uno) 
El resto con secundarios ocasionales que no vuelves a ver, pues sólo aparecen el las sucesivas etapas de un disparatado viaje. A excepción de los habitantes de Cala Espinada que especulan y cotillean sobre la desaparición de los dos jóvenes con la madre de ella a la cabeza, completamente extasiada por su fea niña haya atrapado un vizconde. De ellos podemos destacar a dos, una mujer soltera (ya sabemos lo que era ser soltera y de cierta edad en la Regencia) y el cabo del regimiento (tipo duro, curtido y parco en palabras) me dá a mí que estos dos deberían tener su rollete, pero eso es otra historia, la tímida florecilla y el duro hombretón...
A través de las diferentes etapas de un disparatado y arriesgado viaje para llegar a Edimburgo y cumplir el sueño de Min (ese es el objetivo y no conquistar a un vizconde)  vamos a ir conociendo a cada uno de los protagonistas, su verdadera personalidad, sus miedos y sus sueños. Desde luego las conversaciones de Min y Colin resultan increíbles ya que él, con su actitud despreocupada, consigue hacerte reír todo el tiempo.
Aquí hago un inciso. Puede que las puristas del lenguaje vean ciertos giros y expresiones que con toda razón no se utilizarían a principios del XIX, como por ejemplo "estar hecha un cromo" pero si de verdad el lenguaje de las novelas históricas fuera fiel, nos aburriríamos como ostras y las protagonistas, en cuanto discutieran lo más mínimo, acabarían encerradas en un sanatorio por histeria y a tomar por saco con la novela.
Para algo parecido con el flamenco, están los puristas que se muestran inflexibles o los que innovan, arriesgan, fusionan y triunfan, ofreciendo al público  algo nuevo, ganándoselo de paso, en vez de aburrir como los de siempre.
Pues bien, esta es una narración de ese tipo, lees esas expresiones pero las aceptas y las asumes dentro de la historia, disfrutando de cómo transcurren los acontecimientos.
Desde luego hay veces que debo quitarme el sombrero y aceptar que todavía es posible encontrar este tipo de joyas entre un mar de repeticiones históricas, te hace volver a aquellos tiempos en los que te emocionabas con una novela de vírgenes curiosas y lores viciosos.


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