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martes, 12 de julio de 2011

Escenas eliminadas.

   Cuando hice la última revisión de DIVORCIO decidí suprimir tres escenas completas, cosas del momento, pensé que no cuadraban bien y que podían ralentizar el ritmo de lectura.
   Pero es una pena que se queden guardadas en el cajón sin dar la oportunidad a quienes les haya gustado el libro de disfrutarlas.

    Aquí va la primera:

          *   *   *
Después de las investigaciones de su inquieta esposa, Samuel había decidido probar por sí mismo si el automóvil tenía o no futuro.
Era innegable que cada día se veían más rodando por las calles entre los eficientes coches de caballos.
La fábrica que Maddy había recomendado le había prestado uno de sus productos y también uno de sus directivos se entretuvo enseñándole el funcionamiento.
Debía admitir la comodidad del invento, pues si necesitaba desplazarse no tenía que ordenar que ensillaran el coche, ganando tiempo.
Mientras conducía de regreso a casa y pese a que debía estar prestando toda su atención al manejo de los distintos dispositivos, no podía, o no quería, quitar ojo de su acompañante.
Ella parecía disfrutar como nunca y empezaba a sospechar que ya había manejado uno, pues estaba callada, cuando lo habitual es que preguntara por todo.
Observó de reojo como se sujetaba la capa y escondía las manos, la noche era fresca y a esa velocidad el aire resultaba más frío.
Sin venir a cuento el automóvil empezó a perder velocidad y Samuel dejó de preocuparse por la temperatura corporal de su esposa para centrarse en lo que tenía entre manos.
—¿Algo no va bien?
Tras hacer esa pregunta a Samuel le quedó bien claro que ella no le había contado toda la verdad sobre su investigación.
—Eso parece. —respondió dejando entrever su malestar.
Tampoco ayudaba el deplorable estado del camino pues el coche traqueteaba más de lo necesario y le costó bastante mantener el control.
Maddy se agarró a la portezuela intentado no ir rebotando en el asiento y terminar con el culo y la espalda doloridos.
Ambos oyeron una especie de crujido, algo se había roto y el automóvil se fue parando poco a poco, hasta detenerse junto a un parque.
Evitó mirarle pues Samuel, aún siendo parco en palabras, si en ese momento expresaba en voz alta su malestar...
—Quizás deberíamos intentar arrancarlo de nuevo. —sugirió ella.
Él, con visibles muestras de enfado, se bajó del automóvil, se colocó en la parte delantera y soltó las correas de cuero. No tenía ni idea de motores, pero podía mirar.
—Por lo visto se ha roto el eje de la rueda —Aún sin entender nada no hacía falta ser un genio para advertirlo.
Ella abrió la portezuela con intención de mirar.
—Quédate ahí, hace frío.
—Deberíamos buscar ayuda.
—A estas horas no pasa nadie por aquí. —la vio temblar ligeramente. —Mira a ver si en el compartimento trasero hay una manta. —lo que no dijo es que probablemente iban a pasar la noche al sereno.
—No, aquí no veo nada. —explicó ella sin sacar la cabeza del maletero.
Resignado, aunque enfadado pues eso no podía evitarlo, se subió a la parte trasera e indicó a Maddy que le siguiera. Tendrían que compartir espacio y esperar que la suerte estuviera de su lado y apareciera cuando antes alguien por allí.
Ella se sentó a un lado del banco trasero, evidentemente iba a guardar las distancias, pero era del todo inconveniente, pues acabaría con un buen constipado.
—Acércate, acabarás muerta de frío.
Ella le pidió disculpas con la mirada, por lo impropio de la situación y porque, ya puestos, la idea de adquirir uno de esos artefactos a motor, había sido suya.
Cuando se acercó para desabrocharle la capa ella no supo qué hacer en ese instante, pues a cada minuto que pasaba se sentía más estúpida.
—Recuéstate sobre mí. —Extendió el brazo para que ella lo hiciera y después colocó la capa sobre ambos para mantener el calor.
—Siento todo esto. —murmuró apoyándose en él. No todo lo relajada que la hubiera gustado pero sí lo suficientemente cómoda para no acabar con dolor en el cuello.
Él la rodeó con el brazo y se dejó de tonterías, cuanto más cerca estuvieran mejor.
—Ha sido un accidente. —un maldito accidente, pero voy a ver el lado positivo, por fin puedo abrazarla.
Qué patético sonaba eso.
Pero que bien estaba con ella bien pegada a su costado.
Evidentemente ella no estaba todo lo cómoda que él pensaba pues se movió disimuladamente.
Francamente, Maddy podía hacer un esfuerzo y quedarse quieta. O dormida.
Sus deseos parecieron cumplirse pues notó como su respiración se ralentizaba, relajaba su cuerpo y, llevada sin duda por el sueño, dejaba caer una mano sobre su pierna. Sobre la parte superior, para ser exactos.
Giró la cabeza para contemplar la noche y evitar que la pluma del tocado de Maddy le hiciese cosquillas.
Si él pudiera coger esa pluma...
Recolocó innecesariamente la capa que les cubría intentando no pensar en que si las cosas fueran de otro modo ambos podían entrar en calor de forma mucho más satisfactoria.
¿Alguien había planteado esa cuestión al diseñar el vehículo?
Los asientos eran cómodos, así que no veía inconveniente.
Estaba divagando, se estaba empalmando y la situación no era propicia.
Una amante, necesitaba buscarse una o recurrir a alguna vieja amiga. Esta situación era intolerable.
Sacó con cuidado el reloj del bolsillo de su chaleco. Con un poco de suerte sólo tendría que estar pegado a su mujer durante seis horas.

1 comentario:

  1. Oye que mala por quitarla jajaja esa escena es bastante entretenida, la verdad!!

    Aunque el pobre de Samuel amenazo (o consolo?) a su ego durante casi media novela que se buscaría una amante; al menos no tubo más escenas en la que caer en la tentación; después de la del baile de Rafe y Alice pensé que le daría un soponcio o terminaría saliendole semen por las orejas jajajaja. Tener que verla dormid así, seria un suplicio. Aunque aún así me hubiese gustado que estuviese en el libro!

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